A lo largo de las tres estancias conservadas del palacio, existe un amplio programa decorativo en el que los textos, en árabe y en latín, también cuentan con un papel protagonista. Las yeserías, además de las decoraciones vegetales y geométricas, presentan una gran cantidad de epigrafía árabe (nasji o cursiva) que recorre los muros, las puertas y las ventanas del edificio. Entre ellos se pueden destacar los siguientes:
| Oh mi certeza y mi esperanza [tú eres el anhelo y el auxilio] | yā ṯiqati yā āmalī [anta al-raǧāʾ anta al-wālī]?? | يا ثقتي يا آملي <أنت الرجاء أنت الوالي> |
| gloria duradera y poder eterno | al-ʿizz al-qāʾim al-mulk al-dāʾim | العز القائم الملك الدائم |
| las gracias sean dadas Dios | al-šukr li-llāh | الشكر لله |
| ventura y buena fortuna | al-yumn wa-l-iqbāl | اليمن والإقبال |
Además, pintados en los arrocabes de cada una de las salas, en el espacio de encuentro entre los muros y las techumbres, discurren los textos latinos en letras de gran tamaño. Entre el salón central y la alhanía norte se presenta el principio del evangelio de Juan, que comienza con «In principio erat verbum…»; en cambio, en la alhanía sur se conserva parcialmente otra inscripción: «Visita, quoesumus domine, habitationem intam et omnes insidias inimici ab ea longe repelle: angeli tui sancti habitant[es in ea nos in pace custodiant;] et benedictio tua [sit super nos]»| «Visita, oh Señor, te lo rogamos, esta morada, y aparta de ella todas las asechanzas del enemigo; tus Santos Ángeles nos guarden en paz a los que habitamos en ella; y tu bendición sea siempre sobre nosotros».
Estos elementos textuales fueron incorporados conjuntamente en la construcción del Taller del Moro en el siglo XIV y, aunque en algunos casos sean de difícil lectura, estuvieron cargados de significados simbólicos: de bendición, de protección o de poder. No se trata de dos fases diferentes, sino un mismo programa en el que se sumaron tanto el árabe como el latín en un diálogo que es habitual en el Toledo medieval. Edificios como este, al igual que la iglesia de San Román o la Casa del Temple, ayudan a reflexionar sobre las continuidades del arte andalusí en la ciudad y cómo las familias de la aristocracia cristiana de Castilla también eran depositarias de la herencia islámica de al-Ándalus.

