La casa-palacio andalusí se articula en torno a un patio central. En la planta principal el espacio se distribuye por las cuatro crujías, donde se conservan elementos islámicos y de tradición andalusí.
Como ejemplo de las diferentes fases del inmueble, destaca en la crujía noroeste la puerta con yeserías que da acceso a un salón. En origen, esta entrada debió de contar con unos arcos de herradura geminados, de los que se hallaron fragmentos de varias dovelas durante la rehabilitación del inmueble a finales de los años 90 del siglo XX. Durante el siglo XIV, en una transformación de parte del espacio de la casa, esta puerta se modificó. Se ocultaron los arcos geminados, se rebajó la altura de la entrada y se instaló un único arco de medio punto cubierto de yeserías con motivos vegetales y geométricos. De hecho, en este periodo la vivienda estuvo habitada por una familia aristocrática cristiana, que fue la que ejecutó esta obra y dejó sus escudos nobiliarios en el programa decorativo. Esto es una muestra de cómo el lenguaje andalusí se había naturalizado entre las comunidades cristianas de Toledo.
En el interior del arco de medio punto se conservan yeserías policromadas. En ellas aparece representada la vid, con sus tallos, hojas y racimos de uvas. Estos elementos son un reflejo de la cultura compartida entre las diferentes comunidades religiosas medievales, con presencia de motivos similares en casas, conventos, iglesias, mezquitas o sinagogas de Toledo.

