Introducción

Desde el Centro de Estudios sobre el Toledo Islámico (Fundación de Cultura Islámica) y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) se ha desarrollado conjuntamente la primera fase de un estudio centrado en las canteras históricas del área sureste de la comarca de la Alcarria [1], entre las actuales provincias españolas de Cuenca y Guadalajara. Este ha contado, además, con el apoyo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha gracias a su línea de ayudas para la realización de proyectos de investigación del patrimonio arqueológico y paleontológico situado en dicha región.

Figura 1. Cantera de Camino a Opta, con la localidad de Huete al fondo (Isabel Ludeña, 2024).

Estos trabajos han permitido documentar varios conjuntos de explotaciones pétreas en este territorio, especialmente en el entorno de Huete, y están ayudando a reflexionar acerca del uso de la piedra ─sobre todo, de la cantería de sillares─ en las arquitecturas construidas durante las diferentes épocas históricas. De hecho, como se tratará en este artículo, distintas investigaciones están señalando el rol fundamental que tuvo al-Ándalus en la recuperación tanto de los sistemas de cantería como de las técnicas de extracción pétrea de la Antigüedad en la península ibérica.

La cantera como yacimiento arqueológico y espacio productivo

Desde un pasado remoto, la humanidad reconoció el potencial de uno de los materiales geológicos, la piedra, e inició la explotación de sus afloramientos naturales tanto para la construcción de edificios como para la creación de múltiples herramientas. A partir de la Antigüedad esta actividad se convirtió, impulsada por los programas monumentales del mundo romano, en una de las de mayor importancia social y económica. Aunque las grandes edificaciones requirieron para su realización de una notable variedad de materiales, es innegable que los lapídeos fueron imprescindibles para llevarse a cabo.

Distintas investigaciones están señalando el rol fundamental que tuvo al-Ándalus en la recuperación tanto de los sistemas de cantería como de las técnicas de extracción pétrea.

De muchas de estas labores ha quedado huella en el paisaje. Sobre ciertos afloramientos rocosos todavía es posible detectar las múltiples improntas que los canteros dejaron al obtener sus piezas. Ejemplos de ello son las marcas de las herramientas, como picos o cuñas, o espacios vaciados dejados por los bloques de piedra sustraídos de la roca madre, los cuales, incluso, en ocasiones han dejado escalonamientos o plazas internas en los afloramientos.

Figura 2. Área central de la cantera de Peña del Gato (Buendía), con huellas de sillares extraídos visibles (Isabel Ludeña, 2024).

La documentación y el análisis de estas canteras permiten, precisamente, ampliar el conocimiento que se tiene de cómo se construyeron las arquitecturas existentes en cada territorio. Se ha de tener en cuenta que detrás de cualquier edificio existió un proyecto constructivo que, sin duda, se inició en la cantera y se finalizó en el lugar donde se ejecutó la obra [2]. De este modo, las comunidades del pasado buscaron los afloramientos adecuados en los entornos de sus poblaciones, obtuvieron de ellos los materiales pétreos necesarios y los transportaron hasta el lugar de la construcción. Recorrer, gracias a la arqueología, todo este ciclo de la piedra ofrece la posibilidad de completar la historia de las sociedades del pasado y de sus conocimientos técnicos.

Figura 3. Proceso de extracción de bloques con definición mediante rozas (Bessac, 2003).

Las canteras históricas se han de entender como antiguos espacios productivos, a veces con una actividad que se extiende varios siglos, y como yacimientos arqueológicos que guardan una amplia información sobre estos procesos.

De Roma a al-Ándalus. La cantería en el mundo medieval de la península ibérica

Durante mucho tiempo se ha venido considerando que durante la tardoantigüedad y la Alta Edad Media las construcciones se habían realizado mediante el expolio ─o reutilización ¿acarreo?─ de la piedra de edificios de épocas precedentes o, directamente, con materiales más humildes, como la tierra o el ladrillo. Según estos planteamientos, en estos siglos se abandonó la extracción de sillares de las antiguas canteras y los conocimientos técnicos de las construcciones romanas no volverían a retomarse en la Europa occidental hasta el siglo XII [3]. Sin embargo, las investigaciones de las últimas décadas están cuestionando estas afirmaciones y señalando la importancia de la península ibérica en la recuperación de estas actividades a través de un canal: al-Ándalus.

Al-Ándalus hizo, al igual que en otros ámbitos de conocimiento, de puente entre ambos extremos del Mediterráneo.

A pesar de la desaparición paulatina en gran parte del Mediterráneo occidental de proyectos constructivos a gran escala, la pervivencia de las técnicas y la ejecución de estas arquitecturas se mantuvo en el Imperio bizantino. Así, territorios como el del reino visigodo durante los siglos VI y VII vivieron una pérdida de los ciclos productivos de la piedra: solo se realizaron extracciones esporádicas de afloramientos, desaparecieron muchas herramientas y conocimientos técnicos ─como la cantería de sillares─, y las edificaciones romanas fueron convertidas en canteras [4]. Además, sus edificios fueron fruto de un sistema descentralizado que dependió de mecenazgos de particulares con recursos económicos y humanos más limitados y desiguales [5].

El dominio político islámico sobre antiguos territorios bizantinos, así como sus contactos con este imperio, permitió la llegada de canteros con dichos conocimientos a la península ibérica.

Al-Ándalus supuso una novedad en la península ibérica con respecto a la situación del resto de la Europa occidental. El dominio político islámico sobre antiguos territorios bizantinos, así como sus contactos con este imperio, permitió la llegada de canteros con dichos conocimientos a la península ibérica. Asimismo, fue posible gracias al impulso de grandes proyectos arquitectónicos desde el Estado omeya, con el auge, de nuevo, de centros urbanos y la restauración de la idea de prestigio y de poder vinculada con la piedra. Múltiples construcciones andalusíes demuestran la recuperación de técnicas y el desarrollo de nuevas extracciones, como, por ejemplo, la mezquita de Córdoba (desde sus primeras fases en el s. VIII) [6], la muralla emiral de Ciudad de Vascos (Navalmoralejo, Toledo) [7] o la ciudad palatina de Madīnat al-Zahrā’ (Córdoba) [8].

 

Figura 4. Muralla de Ciudad de Vascos (Navalmoralejo, Toledo), bajo alcazaba (Cultura de Castilla-La Mancha).

Estas consideraciones están siendo tratadas por varios investigadores para replantear el ámbito de las construcciones altomedievales y sus explotaciones pétreas correspondientes. Un caso paradigmático es el que está llevándose a cabo por María de los Ángeles Utrero y Enrique Álvarez Areces para construcciones de entre los siglos VIII y X, como Santa María de Melque (San Martín de Montalbán, Toledo), San Pedro de la Mata (Sonseca, Toledo), San Miguel de la Escalada (Gradeces, León), San Cebrián de Mazote (Valladolid), Las Mesas de Villaverde (Ardales, Málaga) o San Isidoro de León [9]. Con todo, y a pesar de estos esfuerzos, todavía existe una notable carencia sobre estudios de canteras de este periodo. No obstante, todo esto es indicador de que Al-Ándalus hizo, al igual que en otros ámbitos de conocimiento, de puente entre ambos extremos del Mediterráneo.

Figura 5. Iglesia de Santa María de Melque (San Martín de Montalbán, Toledo) (FUNCI).

Desde finales del siglo XI y comienzos del siglo XII se generalizan los proyectos arquitectónicos en el resto de la península ibérica y la Europa occidental, como castillos, catedrales o monasterios, que requieren estas técnicas constructivas y sus correspondientes explotaciones lapídeas. Las extracciones pétreas se van a extender desde este momento hasta los siglos siguientes, del periodo bajomedieval y la Edad Moderna, de forma constante.

La cantería histórica en el sureste de la Alcarria: un reflejo de su recuperación durante al-Ándalus

El mencionado proyecto de investigación desarrollado por el Centro de Estudios sobre el Toledo Islámico (CETI-FUNCI) y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) ha permitido profundizar especialmente en las canteras históricas de una de las principales poblaciones del sudeste de la Alcarria: Huete (Cuenca).

Huete fue una medina fundada en el siglo VIII, durante el emirato de Córdoba. Con la creación del califato, Huete pasó a formar parte de la cora (división territorial poco extensa en época andalusí) de Santaver, la división territorial andalusí que abarcaba la actual provincia de Cuenca, parte de la de Guadalajara y de la de Teruel. La fundación original se ubicó en el cerro del Castillo, donde se emplazó la alcazaba y un recinto amurallado que también contenía la ladera meridional. Entre los siglos IX y X, Huete fue una de las ciudades más relevantes de la zona, compitiendo incluso con Cuenca. En este territorio se asentó la dinastía amazig Banū Ḏū-l-Nūn, conocida por sus continuas revueltas contra el poder cordobés. De hecho, cuando este linaje llegó a gobernar la taifa de Toledo, Huete pasó a formar parte de ella. En el momento que Alfonso VI tomó el control de Toledo, al-Qādir, último rey andalusí de Toledo, se retiró a Huete antes de establecerse como gobernador en la taifa de Valencia. Por su parte, el poder castellano tuvo que enfrentar la respuesta almorávide, así como también el cerco de la ciudad durante diez días por las tropas almohades de Yūsuf I que, sin embargo, no lograron establecerse intramuros.

Figura 6. Vista de parte del cerro del Castillo y de la localidad de Huete (FUNCI).

Durante los trabajos del proyecto de investigación, en el entorno de Huete se han llegado a documentar hasta 28 áreas extractivas de sillares en afloramientos de arenisca ─una roca sedimentaria muy presente en este territorio─. Estas explotaciones se han organizado en 11 conjuntos diferenciados que muestran un importante volumen de piedra obtenido, lo que habla de la notable demanda que hubo de este material desde los enclaves inmediatos para la construcción de arquitecturas a lo largo de los siglos. Este hecho es posible constatarlo visitando Huete, en la que se conservan restos del castillo, las murallas y múltiples iglesias, palacios o conventos, o el yacimiento del Cerro de Alvar Fáñez, a poco más de un kilómetro del centro urbano.

Figura 7. Vista aérea de cantera situada en las inmediaciones de Huete.

Hasta ahora, los testimonios más antiguos de edificaciones con sillares de piedra en este espacio se encuentran en el Cerro de Alvar Fáñez [10], una población fechada en época romana que contó con amplias arquitecturas en las que está muy presente la arenisca local. Estas arquitecturas con grandes bloques de piedra ─que no sean un empleo puntual en su estructura, fruto del expolio de materiales de otro edificio precedente─ parecen no volver a documentarse en esta zona hasta los contextos hallados en las excavaciones de la alcazaba islámica ubicada en el cerro del Castillo de Huete [11]. De este modo, vuelve a reflejarse la misma dinámica de recuperación de la cantería y las técnicas de extracción del mundo antiguo durante el periodo andalusí.

Conclusión

No obstante, los avances preliminares de esta investigación suponen únicamente una primera fase del proyecto, que se espera continuar en los siguientes años con el objetivo de precisar las relaciones existentes entre los espacios de las extracciones de piedra y las arquitecturas donde este material fue destinado. Como se ha indicado previamente, esto es fundamental para comprender todo el ciclo de la piedra y las múltiples actividades humanas en torno a él. Asimismo, se ha de reflexionar sobre la importancia del estudio de las denominadas rocas «ordinarias», generalmente asociadas a canteras de escala local o regional, respecto al de las rocas «nobles», con enormes explotaciones, traslados a nivel mediterráneo y más tratadas por los especialistas. En el entorno de Huete es inexistente la presencia de este segundo tipo, de manera que solo gracias a piedras como las areniscas ─«ordinarias»─ fue posible la ejecución de las arquitecturas del territorio. Se deberían reconsiderar los calificativos atribuidos a estos materiales y la necesidad de estudios locales o comarcales al respecto.

 

Sergio Isabel Ludeña (coordinador del Centro de Estudios sobre el Toledo Islámico)

 

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NOTAS

[1] Un panorama general de las canteras históricas de este territorio puede verse en: Isabel Ludeña, 2022, 2023 y 2024.

[2] Véase Álvarez Areces, E. et al. (2017).

[3] Ward-Perkins, 1971.

[4] Bessac, 1996; Cagnana, 2000.

[5] Caballero Zoreda y Utrero Agudo, 2013; Álvarez Areces et al., 2017: 37-46.

[6] Hernández Giménez, 1975; Marfil Ruiz, 1999.

[7] Bru Castro, 2014; que identifica algunas áreas extractivas en la medina y su entorno.

[8] Penco Valenzuela et al., 2004; Vallejo Triano y Fernández Barba, 2010; los cuales documentan la extracción de material pétreo (calcarenita) en la cantera de Santa Ana de la Albaida (Córdoba).

[9] Se pueden destacar, entre otras, las siguientes aportaciones: Álvarez Areces y Baltuille Martín, 2017; Álvarez Areces et al., 2016, 2017, 2020 y 2021; Caballero Zoreda y Utrero Agudo, 2005, 2012 y 2013; Utrero Agudo, 2017a, 2017b, 2018 y 2020; Utrero Agudo y Álvarez Areces, 2021 y 2022; Utrero Agudo y Murillo Fragero, 2014 y 2022; Utrero Agudo y Sastre de Diego, 2012; Utrero Agudo et al., 2016; Villa del Castillo et al., 2022.

[10] Para más información sobre este yacimiento, véase: Aguado Molina et al., 2007; Castelo Ruano et al., 2000; Castelo Ruano, 2008.

[11] Sobre estas excavaciones, realizadas en 1985, véase: Moncó García, 1988.

 

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