Inscripciones de la gran sala de oración

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La gran sala de oración no solo es la pieza más importante del Museo Sefardí, sino que constituye uno de los ejemplos más elocuentes de cómo las lenguas pueden convivir y dialogar en un mismo espacio. Su creación a mediados del siglo XIV responde a una necesidad religiosa pero también de prestigio. Samuel ha-Leví, su promotor, quiso transmitir un lenguaje simbólico a través de su estructura y ornamentación.

La rica decoración de las yeserías, los colores, las formas y las inscripciones, además de destacar por su belleza, evidencian la convivencia cultural entre las comunidades medievales de la Península, que configuró un discurso visual y simbólico compartido.

El hebreo era la lengua de la tradición, de la escritura sagrada y de la identidad comunitaria. En los muros ocupa un lugar central. Se puede observar en las paredes de la sala, donde principalmente se encuentra en forma de citas bíblicas, salmos y textos laudatorios. También en la armadura de madera de la techumbre se muestran los versos 8 y 9 del Salmo 84:

הי אלהים צבאות שמעה תפלתי האזינה אלהֵי 

Señor, Dios de los Ejércitos, escucha mi plegaria; atiende, Dios 

<יעקב סלה||  מגננו רְאה אלהים והבט >פני משׁיחך

de Jacob. [Pausa] (Salmo 84:8)

Contempla nuestro escudo, o Dios, fíjate <en el rostro de tu ungido> (Salmo 84:9)

 

Sin embargo, este protagonismo del hebreo convive con otro lenguaje que puede pasar desapercibido: el árabe. Motivos geométricos, atauriques y composiciones propias del arte andalusí se acompañan con las fórmulas epigráficas que aparecen en las yeserías y la armadura de madera. «Felicidad, bienestar, gloria y honor» se repiten en la base de la techumbre como fórmulas estereotipadas —también presentes en otros espacios toledanos, como la Casa del Temple— evocando una espiritualidad compartida que habla de transferencia cultural.

اليمن والسلامة والعزة والكرامة

Felicidad, bienestar, gloria y honor

Al recorrer la sala de oración se puede percibir cómo, en el pasado, las diferencias lingüísticas no impidieron la creación de obras profundamente integradoras, dejando una huella de unión y convivencia entre diferentes comunidades.