Con motivo del Día Internacional de la Arqueología, el Museo de Santa Cruz, el Instituto de Historia del CSIC y el Centro de Estudios sobre el Toledo Islámico (Fundación de Cultura Islámica) presentan la iniciativa Pequeñas grandes historias del paisaje andalusí. La arqueología de animales y plantas para dar visibilidad a aspectos menos conocidos de la disciplina, pero indispensables para obtener una visión integral del territorio y sus habitantes durante el período de al-Ándalus.

La circulación de personas, conocimientos y técnicas que se produjo en la península ibérica de época medieval tuvo un impacto considerable en la relación que las comunidades mantuvieron con el paisaje. Durante la época andalusí se introdujeron nuevos cultivos, se potenciaron otros ya arraigados, se desarrollaron estructuras de aprovechamiento hidráulico y otras adaptaciones de acuerdo con el terreno, y también se emprendieron cambios tanto en la gestión ganadera como en los espacios productivos.

El Laboratorio de Arqueobiología del Instituto de Historia del CSIC tiene un largo recorrido en la investigación de estos aspectos a través de las metodologías propias de la arqueobotánica (la identificación y el análisis de restos vegetales conservados en contextos arqueológicos) y la arqueozoología (la identificación y el análisis de restos animales recuperados en yacimientos arqueológicos). En los últimos años, los estudios realizados por su equipo de trabajo están especialmente enfocados en el período medieval como parte del proyecto Medieval appetites: food plants in multicultural Iberia (500-1100 CE) (MEDAPP), financiado por el European Research Council.

Esta propuesta acerca al público los procesos de investigación para construir de manera rigurosa iniciativas divulgativas como el Itinerario de botánica andalusí, presente en las zonas verdes del Museo de Santa Cruz gracias al apoyo de la Fundación de Cultura Islámica (FUNCI).

La muestra, compuesta de dos vitrinas con una selección de piezas procedentes de las colecciones del Laboratorio de Arqueobiología del Instituto de Historia del CSIC, estará disponible en el patio noble del Museo de Santa Cruz (Toledo) desde el día 28 de julio hasta el 13 de septiembre.

Vitrina de arqueobotánica

La arqueobotánica es la disciplina arqueológica centrada en la identificación y el análisis de restos vegetales hallados en contextos arqueológicos. Dentro de este ámbito, la palinología se centra en el estudio de los pólenes, mientras que la antracología analiza los fragmentos de madera y carbones vegetales. Por su parte, el equipo del Laboratorio de Arqueobiología del Instituto de Historia del CSIC está especializado en carpología, la disciplina que identifica y analiza semillas y frutos a fin de aportar datos sobre el yacimiento del que proceden dichos restos. Para ello, es importante realizar un muestreo sistemático de los sedimentos del estrato excavado, que posteriormente se someten a distintos procesos de cribado hasta aislar los restos de semillas y frutos que contiene. Estos son identificados con la ayuda de microscopio y colecciones de referencia. Los estudios con base en estos materiales permiten conocer las especies que poblaban el paisaje andalusí, las preferencias en el consumo de sus habitantes y el uso de productos vegetales en diversos ámbitos de la cultura material de las comunidades.

Los restos carpológicos han contribuido de manera decisiva a comprender las diferentes formas de gestión agrícola del paisaje andalusí ─tanto con cultivos de secano como de regadío─, así como la diversidad vegetal propia de estos entornos. Por un lado, la arqueobotánica está completando los datos de los procesos de introducción de nuevas especies vegetales durante el periodo medieval. Muchas de estas plantas, procedentes de distintas zonas de África y Asia, fueron aclimatadas gracias a los conocimientos de los agrónomos andalusíes ─entre los que destacó especialmente, por este tipo de técnicas, el toledano Ibn Baṣṣāl (s. XI)─. De este modo, múltiples especies se incorporaron a los jardines y los huertos de al-Ándalus: diferentes cítricos (como el naranjo amargo, el limonero, la lima o la pamplemusa), la berenjena, la espinaca, la alcachofa, el arroz, el sorgo, el algodón o la caña de azúcar, entre otras. No obstante, la arqueobotánica también permite documentar procesos de intensificación, mejora y expansión de cultivos ya existentes en épocas precedentes en la península, como el olivo, la vid y la higuera.

Paraje de la Huerta del Rey (Toledo), donde se ubicó la almunia ─finca aristocrática con huertos y jardines─ del rey taifa Al-Ma’mūn (s. XI) y realizaron experimentaciones botánicas los agrónomos toledanos Ibn Wāfid e Ibn Baṣṣāl.

Por otro lado, la abundancia en las muestras ─procedentes de las intervenciones arqueológicas─ de distintos tipos de cereales y leguminosas confirma el papel central de estos productos en la dieta de las comunidades altomedievales; se observa una continuidad en el cultivo de especies presentes con anterioridad (trigo, cebada, centeno, garbanzo, lenteja, guisante, etc.), pero también novedades como el sorgo y el mijo perlado. Esta última es una especie de origen subsahariano que ha sido hallada por primera vez recientemente ─ya que hasta la fecha no se conocían referencias en textos medievales peninsulares─, gracias a los estudios arqueobotánicos realizados en varios yacimientos islámicos de al-Ándalus.

Campos cultivados con mijo perlado (Pennisetum glaucum).

Vitrina de arqueozoología

La arqueozoología, como rama de la arqueología, se ocupa de la identificación y el análisis de los restos de origen animal recuperados en contextos arqueológicos. Entre estos, los huesos y dientes de vertebrados constituyen la principal fuente de información, ya que son los vestigios más abundantes y fácilmente reconocibles durante las excavaciones. La mayor parte son visibles en el sedimento y se recuperan de forma manual; sin embargo, el cribado permite la recuperación de fragmentos óseos de menor tamaño; por ejemplo, restos de peces. Una vez en el laboratorio, los materiales se comparan con colecciones de referencia para identificar el elemento anatómico conservado, determinar el lado del cuerpo al que perteneció y asignarlo, en la medida en que su estado de conservación lo permita, a una determinada especie. Asimismo, el análisis osteológico puede aportar información sobre el sexo, la edad y las posibles causas de muerte del individuo. Para conocer los hábitos de consumo de las comunidades del pasado, resultan especialmente relevantes aspectos como la frecuencia de cada una de las especies representadas o las marcas de corte asociadas al despiece y procesamiento de los animales.

El registro arqueofaunístico conservado de época andalusí constituye una valiosa fuente de información para comprender el impacto que los procesos de islamización de la península ibérica tuvieron sobre los patrones de consumo de productos de origen animal en las distintas comunidades. Uno de los indicadores más estudiados por la arqueozoología es la presencia o ausencia de restos de suidos (cerdo y jabalí) en contextos medievales, ya que su identificación permite relacionar su presencia con las prescripciones dietéticas propias de los musulmanes. No obstante, el análisis arqueozoológico trasciende el estudio del consumo de carne. Los restos faunísticos también aportan información sobre la producción y el aprovechamiento de otros productos de origen animal, como los huevos, los lácteos o la lana, lo que ayuda a reconstruir las estrategias de gestión ganadera y las formas de explotación de estos recursos. Del mismo modo, se puede documentar el uso del hueso como materia prima para la elaboración de objetos de la vida cotidiana (soportes de escritura, instrumentos musicales…).

Tanto las fuentes escritas conservadas de este periodo, entre las que sobresalen los tratados agronómicos, como los estudios arqueozoológicos realizados en las últimas décadas ponen de manifiesto la diversidad de la ganadería andalusí. Entre los mamíferos predominaron los rebaños de ovejas y cabras, seguidos por el ganado vacuno y equino; entre las aves de corral destacaron las gallinas, las ocas y las palomas ─cuya palomina fue uno de los fertilizantes más valorados para el abonado de los campos durante la Edad Media─; y, por último, la apicultura estuvo ampliamente difundida y proporcionó productos de gran importancia económica y alimentaria, como la miel, además de otros derivados.

Imagen aérea de la alquería de La Graja (Higueruela, Albacete), donde se están hallando datos sobre el modelo agropecuario de secano, con especial protagonismo de las ovejas. Fuente: José María Moreno Narganes (Proyecto arqueológico «Alquería de La Graja»).

La caza fue una actividad habitual en al-Ándalus. Para las élites, además de constituir una forma de ocio, tuvo un importante papel como símbolo de prestigio y de afirmación del estatus. En este ámbito predominaron, por un lado, la caza mayor (de ciervos, corzos, etc.) y, por otro, la cetrería, un modo de caza menor basada en el empleo de aves rapaces adiestradas, especialmente halcones. Esta última no solo estuvo muy extendida, sino que además fue un motivo frecuente de la iconografía cortesana, representado en la decoración de los palacios de los emires y califas omeyas, así como en la de las cortes de los reyes de taifas.

Representación de halconero realizada en yeso como parte de la decoración de los arcos hallados en el convento de Santa Fe (Toledo) y, posiblemente, pertenecientes al palacio urbano de Al-Ma’mūn. Fuente: Cultura Castilla-La Mancha.